Hoy termina la temporada de campamentos, parece mentira que todos los años digamos lo mismo pero tenemos que decirlo… ¡Este ha sido el mejor año de todos!

Para hacer balance de estas semanas no hay más que asistir a las fiestas de despedida, a la última Asamblea Campamental o a las cartas de los acampados, ¿cómo en unos pocos días podemos sentir tanto?, vivir tantas experiencias, aprender tanto, hacer amistades de esas que perduran en el tiempo y sobre todo conseguir que los acampados aprendan a conocerse a ellos mismos. Nosotros lo sabemos, es la magia del campamento.

Muchas de las actividades que hemos hecho cobran sentido ahora, el último día, el día en que los chicos se dan cuenta de los valores que aprendieron realizándola, de las anécdotas que quedarán de ellas y de como a través del compañerismo consiguieron sacarla adelante.

Terminan unos días en los que han vivido y sentido cosas por primera vez y que, quizás, no vuelvan a sucederse, pero no pasa nada, porque lo más valioso, el recuerdo, perdura para siempre. Y esa felicidad vivida volverá a sacarnos una sonrisa cada vez que recordemos nuestras andanzas en el campamento o cada vez que contemos a nuestros amigos las anécdotas vividas.

Algunos de los monitores asemejan los días de campamento a aquellos días de retiro espiritual en los que dejas atrás lo cotidiano y vives nuevas experiencias que te hacen conocerte más aún. Y es que estamos seguros de que muchos de los chicos que han pasado por aquí no se creían capaces de dormir fuera de casa, de ser tan solidarios ayudando a los compañeros, de llevar un orden de sus cosas, de bailar desatadamente en la discoteca o cantar las canciones de la granja a tal volumen que le oyeran hasta en la China. En resumen, de sentir tantas emociones y vivir tantas aventuras en tan poco tiempo. Ojalá hubiese un agujerito para que los papis pudiesen verles desde casa, se quedarían asombrados.

Pero no hay nada que refleje mejor lo vivido que la despedida, ese día en el que las lágrimas inundan los ojos hasta de aquellos que no sabían lo que era llorar de alegría, ese día en el que nos invade esa rara sensación de alegría y tristeza, lágrimas y carcajadas, ilusión y melancolía, las ganas de llegar a casa y las ganas de aferrarse a sus nuevos compañeros de vida a lo que sin duda extrañarán.

Lo vivido en el campamento son sin duda momentos únicos que perdurarán en nuestro recuerdo y nuestros corazones. Gracias una vez más por formar parte de este gran familia, disfrutad de la vida, pero sobretodo de los bonitos recuerdos aquí vividos.

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